La descentralización en stand-by [OPINIÓN]

En esta última década de inestabilidad política, la descentralización ha quedado en stand-by, sin duda un derroche innecesario de energías y recursos a la espera de que algo la reinicie.
En esta última década de inestabilidad política, la descentralización ha quedado en stand-by, sin duda un derroche innecesario de energías y recursos a la espera de que algo la reinicie.

Por: Edith Bautista León

“Stand-by” es un anglicismo que usamos para referirnos a un aparato que está en modo de espera o de suspensión. Es como cuando una computadora no está completamente encendida y en su lugar está esperando un comando para encenderse. Me pregunto a quién se le ocurriría irse de viaje y dejar su computadora en modo de suspensión. Naturalmente, ninguna persona consciente haría eso porque sería un desperdicio innecesario de energía y recursos. Sin embargo, esto es exactamente lo que estamos haciendo como sociedad y Estado al dejar la implementación de la descentralización en modo de espera, aguardando que algo la encienda y continúe con su lento y, a veces, caótico proceso de implementación.

Si bien la descentralización ha enfrentado varias dificultades en su proceso de implementación, no deberíamos ver esto como un proceso fallido del que deberíamos dar marcha atrás. Por el contrario, debemos seguir construyendo sobre los éxitos, los fracasos y las lecciones aprendidas durante más de treinta años de implementación. Aunque parezca una espera agotadora y sin esperanza, la descentralización sigue siendo nuestra tarea inconclusa, la gran reforma del Estado peruano que hay que hacer. Por lo tanto, es imperativo que sigamos trabajando en ello.

En primer lugar, debemos reconocer que la falta de claridad en las funciones y competencias nacionales, regionales y locales, especialmente en áreas sensibles que afectan la vida de los ciudadanos, es parte de la lista de problemas a abordar en cualquier nuevo impulso para avanzar en la descentralización.

En segundo lugar, lograr la descentralización fiscal y una redistribución equitativa de los recursos públicos a nivel descentralizado también es un gran desafío. No hay desarrollo sin recursos, por lo que es fundamental asegurar la viabilidad presupuestaria necesaria para encaminar el desarrollo hacia el local y regional.

En tercer lugar, necesitamos fortalecer el marco institucional de la descentralización, ya que requiere un líder político e institucional para llevar a cabo el proceso. Actualmente, esta responsabilidad recae tácitamente en la Secretaría de Descentralización de la PCM, la cual tiene funciones y competencias limitadas para asumir esta gran reforma.

En cuarto lugar, necesitamos fortalecer el sistema de planificación del país para que la inversión pública a nivel descentralizado pueda adecuar políticas y presupuestos con pertinencia e impacto real para cerrar brechas y mejorar la vida de las personas. No más inversión sin impacto.

En quinto lugar, necesitamos fomentar una mayor participación de la academia, los partidos políticos y la sociedad civil en general para volver a poner en la agenda pública la continuidad y el impulso del proceso de descentralización.

En sexto lugar, necesitamos repensar la estructura y el funcionamiento del Estado. Los sistemas estatales administrativos y funcionales también deben reformarse para operar de manera eficiente y no convertirse en un obstáculo para los gobiernos locales y regionales. Debemos poner al ciudadano en el centro con una visión descentralizada.

Finalmente, necesitamos democratizar la toma de decisiones involucrando a los gobiernos locales y regionales, especialmente en procesos fundamentales como la definición del presupuesto público.

Sin duda, con las próximas elecciones presidenciales, un punto esencial en las plataformas políticas de los candidatos debe ser cómo dinamizar el proceso de descentralización. Recuérdese que desde el llamado “Shock de Competencias” a los gobiernos regionales y locales durante la administración de García (2006), se ha avanzado muy poco. En cambio, en esta última década de inestabilidad política, la descentralización ha quedado en stand-by, sin duda un derroche innecesario de energías y recursos a la espera de que algo la reinicie.

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