Historia del hurto de 29 cuadros y el Altar Sagrado de la Capilla Orcasitas de Ayacucho

Parece novela pero ocurrió en Ayacucho a mediados de los 50 de 1900.
Robo sacrílego en Ayacucho

POR CARLOS PÉREZ SÁEZ

I. Parte de la presentación de la investigación hecha por el doctor Iván Ruiz Ayala acerca del atentado de lesa cultura que Ayacucho sufriera hace casi 70 años cuando la Capilla de la Quinta Orcasitas de Huamanga fue despojada de un tesoro de arte colonial valioso. El trabajo del doctor Ruiz además de extenso y riguroso detalla cómo se produjo el despojo y las circunstancias y personajes que intervinieron en él, donde incluso aparece el general Manuel Odría, presidente de la República en ese entonces:

“Uno de los hechos que constituye una afrenta a la conciencia y tradición de la sociedad ayacuchana y peruana en general, es cómo entre las 12 de la noche y las 5 de la madrugada del 19 de mayo del año de 1954, el cura pasionista español Constancio Bollar desclava los 29 lienzos admirables pintados en el Siglo XVII por el artista nativo Basilio Pacheco con hermosos marcos dorados más el altar sagrado de la Virgen de Cocharcas de la Capilla de la Quinta Orcasitas de Huamanga y, en un camión especial pagado al efecto, parte de incógnito por la carretera de la Mejorada hacia Lima. Luego de haber cometido ese hurto (que dijo haber comprado de su poseedor, Gregorio Quispe), finalmente se hallan actualmente en la iglesia de la Virgen del Pilar del distrito de San Isidro de Lima; aunque esos cuadros habían sido adquiridos ya para que figuraran en el Museo Histórico Regional de Ayacucho por el Estado Peruano…” IVAN RUIZ AYALA. Minneapolis, USA, marzo de 2012.

II. Denuncia del Senador Luis E. Galván (*)

Señor Presidente del Senado:

Dejaría de cumplir mis deberes de legislador y de Representante por el Departamento de Ayacucho, y de escuchar los dictados de mi conciencia ciudadana, si no presentara ante Ud., que encarna la representación de uno de los Poderes del Estado, emanación genuina de la voluntad popular, mi denuncia formal sobre la consumación del hecho delictivo, cometido con las reliquias artísticas coloniales de la “Quinta Orcasitas” de la ciudad de Ayacucho, por el fraile pasionista Constancio Bollar. A esto hice referencia en mi nota del 20 de mayo, la cual amplío mediante la presente, con datos oficiales estrictamente verídicos, emanados de las autoridades de aquella localidad, y los cuales, solicito que sean transcritos a los señores Ministros de Gobierno y de Educación, a efecto de que, en resguardo de la soberanía nacional manifiesta en el acatamiento y en el respeto, por nacionales y extranjeros habitantes del Perú, a sus leyes se sirvan dictar las medidas conducentes a la inmediata incautación policial por comiso, conforme a la ley 9630, artículo 2do., y a la restitución de dichos tesoros al lugar de donde, empleándose medios dolosos y con deplorable infracción de normas prohibitivas vigentes, fueron extraídos en la forma que a continuación puntualizo.

Las mencionadas reliquias de la “Quinta Orcasitas” de la ciudad de Ayacucho, son muestras delicadas del arte religioso colonial del Siglo XVII. Han causado siempre la admiración de todas las personas que las contemplaban, pues, ello era un motivo natural de atracción y de interés turístico. El señor Embajador de España, doctor Castiella y Maíz en su visita del año 1946, expresó públicamente que estas obras de alto valor artístico acrecentaban el sello hispánico superado con lo mestizo andino. Y, Ayacucho, según la feliz expresión del doctor José de la Riva Agüero, “Es la rancia mestiza españolizada de la Colonia, que mantiene inmutables entre sus cerros las creencias y las costumbres que le enseñaron sus padres los Conquistadores”. En diversas oportunidades, varios turistas norteamericanos propusieron su compra por crecidas sumas de dinero,

encontrando cada vez el rechazo popular, desde hace 50 años, en que la señora Rosa Tello, descendiente de los Marqueses de Feria, los Munive y Tello, y que fuera esposa del Vice-Presidente de la República y Magistrado de la Corte Suprema doctor José Salvador Cavero, las hubo enajenado a sus actuales poseedores y vendedores, gentes de modesta condición social.

Dada la excepcional importancia de estas reliquias, el Estado por medio del Ministerio de Educación, resolvió adquirirlas con destino al Museo Histórico Regional de Ayacucho, a fin de que en sus salas se exhibiesen con todas las seguridades del caso, para la exaltación de la cultura local. Al efecto, en el mes de abril de 1953 se celebró el contrato de compra-venta por la suma de S/. 50,000.00 entre los propietarios don Gregorio Quispe y esposa y el Director del Museo Histórico don Manuel E. Bustamante, procediéndose a la facción de inventario y conviniéndose en la “cosa y en el precio”, con la aprobación subsiguiente de la Junta de Supervigilancia del Museo, del Presidente del Consejo Departamental de Conservación de Monumentos y de la Dirección de Museos y Arqueología del Ministerio de Educación. Por Resolución Ministerial N. 802, del 31 de de diciembre de 1953 el Ministerio de Fomento a reiterados oficios del señor Ministro de Educación. Por Resolución Ministerial N. 802, del 31 de diciembre de 1953 el Ministerio de Fomento a reiterados oficios del Sr. Ministro de Educación, y expuso que en cumplimiento de dicho contrato, los S/. 50,000.00 del precio, y que se hallaban consignados en la partida presupuestal N. 143.g. de Fomento, se girasen a disposición del Director del Museo Histórico, con el fin específico de ejecución del contrato, el cual, como se ve, se halla en plena tramitación administrativa; pues, para mejor abundamiento, el señor Prefecto del Departamento, en oficio del 28 de abril del año en curso, reiteró su pedido de remisión del dinero al señor Ministro de Educación.

En estas circunstancias se presenta en los días de abril en la ciudad de Ayacucho, el reverendo pasionista extranjero Bollar, y se entera de que en torno de la Quinta Orcasitas hay una custodia policial destacada por la Prefectura en previsión de que con motivo de la feria popular y con la afluencia de gentes maleantes pudieran incursionar para el robo de los citados objetos. Seduce a don Gregorio Quispe con medios dolosos a que realice una segunda venta, ofreciéndole S/. 10,000.00 de demasía sobre el precio pactado por el Ministerio de Educación, demostrando así un insolente desdén por el Estado Peruano, y regresa a esta Capital, resuelto a consumar su hazaña. Al efecto, sorprende, seguramente la buena fe del señor Ministro de Gobierno para obtener una orden o salvo-conducto que lo libere del cuidado policial en la extracción de dichas reliquias. Luego, contrata un camión especial en Lima, con los materiales de embalaje preparados ad-hoc. Vuelve a Ayacucho de incógnito, es decir, despojado del hábito talar, y en la noche del 20 de mayo, él y sus cómplices embalan todos los objetos de propiedad del Estado, en el camión expreso, y zarpan a las 5 de la madrugada con dirección a Lima por la carretera de la Mejorada. Actuaron, así como actúan los delincuentes, al amparo de la oscuridad y buscando la protección de las sombras contra las justas iras de un pueblo como el ayacuchano, generoso y confiado, pero también altivo y viril, que hubiera sabido castigar en forma merecida tan innoble actitud…….

Estas maquinaciones fraudulentas y los medios dolosos empleados imprimen carácter

delictivo a las circunstancias con que se ha rodeado la extracción de las reliquias en referencia. Sus autores tenían pleno conocimiento de que ya habían sido compradas por el Estado, según contrato vigente y el correspondiente trámite administrativo para el pago del precio pactado. Y con sarcasmo que subleva mi espíritu, intentan burlarse de la augusta respetabilidad de la función gubernamental del Perú. Pues, en este afán de atrevida audacia hasta llegan a sorprender la buena fe del señor Ministro de Gobierno para que proteja en infracción de la Ley, a una autoridad que precisamente debe velar por el cumplimiento de la Ley, y exhibiendo con ello el ilogismo funcional del Estado contra el Estado, es decir, del Ministerio de Gobierno contra el Ministerio de Educación.

La extracción de estas riquezas culturales, desde el punto de vista moral y social significa también una “barbarie ultrajante” a los derechos que tiene una ciudad de la prestancia de Ayacucho, de poseer lo que es su patrimonio artístico, expresión genuina de su historia, lo cual obliga a todos los hombres civilizados al deber elemental de respeto y consideración, toda vez que el alma del pueblo se halla vinculado a estos exponentes de su pasado esplendoroso que afirman su personalidad en el porvenir y su legítimo orgullo local en el presente.

Si el reverendo pasionista extranjero Bollar, con sensibilidad de hombre culto y respetuoso de las leyes, de los derechos cívicos y morales de una nación, que con harta generosidad le ha brindado hospedaje, en vez de emplear los vedados procedimientos a que he hecho referencia ya propios del bandolerismo hitleriano y que recuerdan las tristes hazañas del doctor Goebels saqueador de los museos de los pueblos sojuzgados en Europa por la bota victoriosa de los “panzers”, hubiese empleado las cuantiosas sumas de dinero que llevó a Ayacucho para saquear con el soborno los lienzos y cuadros existentes en las residencias privadas, en pagar a artistas y pintores para que obtuviesen las réplicas, copias y reproducciones de dichas reliquias para su uso personal o el comercio con el extranjero, en lugar del reproche airado y de justa indignación, se habrían alzado las sinceras palabras de encomio y alabanza.

En el terreno judicial, la enajenación verificada por don Gregorio Quispe y esposa, dentro de las circunstancias anotadas, está invalidada porque el vendedor ya no era dueño cuando entregó los objetos al Reverendo Bollar, puesto que se halla vigente el contrato de compra-venta celebrado en abril de 1953 con el Director del Museo Histórico Regional de Ayacucho en representación del Estado.

Desde el punto de vista legal y jurídico, sobre todo, esta pretendida adquisición es nula ipsu-juri, porque hay dos leyes vigentes que la prohíben y que al contrario, colocan por esta actuación, al pasionista Bollar y a sus cómplices, en el campo de la delincuencia, con expresas sanciones.

En efecto: La Ley N. 8853 del 9 de marzo de 1939 dice en su artículo 8º.: “declárase inalienable, salvo a favor del Estado, todo lugar, inmueble u objeto que tenga valor histórico o artístico a juicio del Consejo Nacional de Conservación y Restauración”. Tal es el caso de las reliquias existentes en la “Quinta Orcasitas” de la ciudad de Ayacucho.

Y la ley N. 9630, del 21 de octubre de 1942, complementaria de la anterior, establece concretamente que “queda prohibida la salida de carácter histórico del Departamento del Cuzco y otros, donde existan estos objetos” y “los infractores de esta Ley sufrirán multa de S/. 100.00 a S/. 1,000.00 y el comiso de los objetos históricos o artísticos que hayan comprado y traten de exportar; dichas penas se harán extensivas a los dueños o vendedores y a los conductores de dichos objetos”.

Juzgo oportuno rememorar que precisamente en aplicación de estas leyes el año de 1943, en un caso similar de ilícita extracción por compra de 20 lienzos de algunas casas particulares de la ciudad de Ayacucho la policía, a pedido del Sr. Agente Fiscal Dr. Alarcón, decomiso en el camino a la Mejorada dichos cuadros que fueron devueltos a su origen y entregados, por orden de la Prefectura, al Museo Histórico sancionándose al autor de tal acto delictuoso, un médico apellidado López.

Como legislador, Sr. Presidente, requiero que en este caso se exija a las autoridades administrativas que hagan cumplir las leyes y que apliquen las sanciones correspondientes a los culpables. Sobre la voluntad de los individuos y, sobre ciertas consideraciones de índole personal y social, está el imperio augusto de la Ley. El sometimiento general a ella es la esencia del régimen democrático, y el respeto a su autoridad es la razón de la existencia del Parlamento. La conquista de los derechos humanos que caracteriza a la civilización occidental, y la diferencia del sistema totalitario de gobierno, reside en la organización de la vida social sujeta a las normas legales.

Como Senador por el Departamento de Ayacucho, demando que se repare el ultraje inferido a mi “patria chica” de nombre glorioso, en cuyo suelo se realizaron las hazañas más grandiosas de la América, y que es, por muchos títulos, digna de la mayor consideración. Los tesoros artísticos que han sido motivo de saqueo, en forma ilícita y al margen de la ley, deben ser devueltos en el día a su seno, porque es la expresión de su alma mestiza peruana.

Como ciudadano, solicito que se exija, con esta oportunidad, a todos los extranjeros, sean seglares o frailes, el respeto de la soberanía de nuestra Patria manifiesta en el acatamiento de sus leyes. Que adquieran conciencia de que el Perú no es una Colonia, ni una tierra de privilegiados a base de dinero o de vinculaciones sociales, o de supremacías raciales o de clases religiosas, sino una República de rica tradición cultural, libre e independiente y de organización genuina secularmente democrática que integra la comunidad de las naciones civilizadas del mundo.

Por estas consideraciones: Solicito que por Secretaría se transcriba esta nota a los señores Ministros de Gobierno y de Educación, a fin de que se dignen dictar las medidas de amparo que las leyes vigentes determinan sobre los objetos artísticos comprados por el Estado en la ciudad de Ayacucho y que traídos a esta Capital por el fraile pasionista Constancio Bollar se encuentran según informes, en la Iglesia de San Isidro; y, que asimismo, en conformidad con la denuncia presentada por el señor Presidente del Consejo Superior de Conservación de Monumentos Históricos, doctor Araujo Alvarez, la policía se incautó de ellos, aplicando el comiso determinado en el artículo 2º. de la Ley 9630, y las demás sanciones a los autores del delito.

Lima, Junio 2 de 1954 (*) Aparece en el estudio del doctor Iván Ruiz Ayala

III: NR: El cuadro Aparición de Cristo a María Magdalena que acompaña a esta nota da una idea del valor de dichas pinturas. El otro gráfico corresponde al retablo de la Virgen de Cocharcas en la Quinta Orcasitas hacia 1954.

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