Paulino Cabrera: Medio Siglo buscando detener el tiempo [Historia]

Fotógrafo ambulante lo llaman; pero no saben que Paulino Cabrera Gutiérrez, aprendió los secretos de la fotografía frente a su batallón de Artillería Nro 2, en el Cuartel de Chorrillos, y que lleva 50 años deteniendo el tiempo.
PAULINO CARRERA - FOTOGRAFO CON TRADICIÓN

POR ÁNGEL MENDOZA PALOMINO I Club de fotografía f/66

Fotógrafo ambulante lo llaman; pero no saben que Paulino Cabrera Gutiérrez, aprendió los secretos de la fotografía frente a su batallón de Artillería Nro 2, en el Cuartel de Chorrillos, y que lleva 50 años deteniendo el tiempo.

Llegó a Huamanga a los 16 años, procedente de su tierra querida, San Miguel. Ya en esta ciudad, inició con su primera actividad, el de vendedor ambulante de golosinas en la Plaza Mayor.

Años después, viajó a la Capital en busca de nuevas experiencias, pero la suerte no estuvo con él, porque al llegar a Lima fue “cogido” por la leva que realizaba el ejército, en ese entonces.

A sus 75 años, Paulino Cabrera, aún no comprende si el haber ingresado a la milicia fue el que de alguna manera trazó su destino. Lo cierto es que tiene más de 50 años tratando de detener el tiempo a través de las fotografías instantáneas a color.

Todos los días desde tempranas horas sale a cumplir su labor rutinaria junto a su fiel e inseparable compañera “la cámara minutera”, una cámara oscura que va apoyada sobre un trípode de madera a manera de teodolito que le compró a su maestro, Germán Lizana, de quien aprendió todos los secretos de la fotografía; desde cargar la cámara, hasta el revelado y ampliado de negativos en blanco y negro. Esta cámara hoy solo es un elemento decorativo para demarcar su sitio en uno de los lados de la Plaza Sucre.

El peso de los años y un sin fin de experiencias ha encorvado un poco su figura; sus mil y un arrugas lo dicen todo. Lleva una gorra azul puesta en la cabeza, casaca gris, pantalón negro y chaleco celeste; joven de espíritu y mestizo de piel trigueña que sobrepasa el metro 40 centímetros. Lleva bigotes y barba, sus cortos cabellos negros se confunden entre las canas.

Tiene una mirada ingenua. Lleva colgado al hombro su pequeña impresora de fotos, recibos y un peine para que lo use el cliente que desee. Lleva colgado en el cuello una cámara digital compacta para la foto de postales.

Don Paulino es fotógrafo ambulante, uno de los ocho integrantes más antiguos que conforman la Asociación de Fotógrafos Ambulantes AFA, de la Plaza Mayor de Ayacucho.

Viéndolo con su cámara digital colgado al cuello, es igual a muchos. Pero todo cambia cuando nos cuenta que la cámara del teodolito fue una de esas cajas de sorpresa, en las que el fotógrafo introducía sus manos y como arte de magia extraía, en apenas 5 minutos, un vivo retrato en blanco y negro, tamaño carné. Cabrera ha experimentado la fotografía desde los negativos en papel, en rollo, los polaroid y hoy la cámara digital.

Retrocedamos un poco en el tiempo y vayamos a cuando don Paulino tenía 23 años. Trabajaba de panadero cuando salió del cuartel. En las tardes visitaba a un paisano suyo, don Germán Lizana, su “maestro”, quien era huantino y por tal su paisano como ayacuchano.

“Todavía recuerdo cuando andaba con mi ‘maestro’ por las playas de Lima, Chorillos y el callao en épocas de verano. El resto del año, en la explanada de Chorrillos”.

Él sólo se dedicaba a cargar la máquina sobre el hombro, ganar el espacio de costumbre y esperar: “Oiga, ¿y usted, no toma fotos?”. Preguntaban algunos ansiosos. “No, tiene que venir el maestro”. Responde, hasta que empieza a mejorar sus inicios en el cuartel, paso a paso, técnica por técnica.

“Lo ayudé durante un año y luego le compré su máquina. Pero no podía seguir trabajando allí, porque le quitaba clientes, y decidí volver a Ayacucho, luego Huancayo, Andahuaylas, Abancay, y el Cusco; me gustó Ayacucho y me quedé aquí, esto fue en 1963, época en que me dediqué de lleno a la fotografía”. Cuenta muy emocionado don Paulino.

El viejo retratista es natural del distrito de Chilcas, de la provincia de San Miguel, de la región Ayacucho. Por eso sabe las costumbres y gustos de la gente que vienen del campo y pone especial interés en cumplir con todos sus clientes que solicitan su servicio, procura perennizar un recuerdo con la familia, con los amigos o simplemente una foto de visita a la ciudad.

El fotógrafo nos cuenta que la mayoría de sus clientes gustan tomarse las fotos con el monumento de sucre, la catedral a las espaldas o a veces con toda la Plaza de Armas.

Atrás quedaron las fotos en blanco y negro para los trámites personales. Eran tiempos en la que ponía en acción a su engreída, a su antigua y fiel compañera, la máquina de 5 minutos. Era cuestión de enfocar, tomar, introducir un brazo por la manga hasta llegar al cajón, revelar, fijar, bañar con agua, recortarla y listo: la satisfacción del cliente en sus manos.

“Una vez tomé una foto en blanco y negro a Alan García, cuando se presentaba como candidato a la presidencia del Perú (1985), en la Plaza de Armas. Luego lo puse en el muestrario, y los simpatizantes cogieron al ver la foto y se pelaron, porque todos querían tenerla. Al final llegaron a romperla y no me pagaron”. Cuenta con la sonrisa entre los labios el viejo Paulino.

“Muchos turistas vienen por aquí y en vez de retratarse, me toman fotos, no saben qué hacer son este aparato. Me imagino que para ellos es una cosa muy rara”. Comenta el fotógrafo.

La cámara de teodolito pesaba 10 a 15 kilos y siempre lo guardaba en un local muy cercano al parque. Así evitaba caminar desde su casa, en la urbanización Jardín, con ese peso y llegar a tiempo, a las 6:30 de la mañana, e iniciar a las 7 a.m. la jornada hasta las 5 de la tarde.

“Me acuerdo aquel día cuando un turista alemán se me acercó e intercambiamos fotografías. Al regresar a su tierra me envió la foto ampliada tamaño calendario”. Narra muy feliz don Paulino.

Don paulino tiene 3 hijos: María, Pedro y Carlos, todos son profesionales, pero él, lamenta que a ninguno de sus hijos les haya gustado la fotografía como profesión.

A pesar de tener rivalidades con los foto-estudios no desmaya, sigue adelante, porque ama su profesión. Si bien ahora no se puede vivir de la fotografía porque todos tienen cámara, persiste con lo que por años le dio muchas satisfacciones.

También se encarga de repartir fotos a domicilio, no desperdicia el tiempo, esto lo hace en la madrugada 5 am y en la noche a partir de las 6 pm.

Cuenta las fechas que tiene más clientes son fiestas pascuas, y Todos los Santos; las fechas de menor demanda son los carnavales, porque la gente se dedica a jugar.

Tiene estadísticas de fotos que toma cada día.

Estima que será de 4 a 5 fotografías instantáneas a color (que los revela el mismo en 1 minuto)

A pesar de haber sufrido constantes robos y pese a sufrir continuas enfermedades continúa trabajando todos los días en la Plaza Mayor de nuestra ciudad, ni el mal tiempo lo detiene. El mismo es, como los grandes.

Miguel Pérez Gutiérrez

Es otro fotógrafo de la plaza mayor, coincidentemente primo de Paulino Cabrera, que tiene 87 años y 64 de ellos dedicados a la fotografía como fotógrafo ambulante. En su caso él aprendió el arte de fotografiar por su propia cuenta echando a perder papeles y negativos muchas veces subexpuestas y otras sobreexpuestas. Nunca se rindió y por eso hoy sigue siendo uno de los fotógrafos más antiguos de la plaza de Huamanga.

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